martes, 12 de mayo de 2015

FALLO Y ENTREGA DE PREMIOS - XXXI EDICIÓN PREMIO LITERARIO FELIPE TRIGO INFANTIL Y JUVENIL

El viernes, 8 de Mayo, en el Teatro Las Vegas de Villanueva de la Serena fue el fallo y entrega  de  premios a los ganadores del Concurso Literario Felipe Trigo Infantil y Juvenil.

Los finalistas, y las obras presentadas de nuestro Colegio,  fueron:

- ADRIÁN CABALLERO SEGADOR  ( 2º de Primaria)    : "El abuelo"

- CANDELA ESCUDERO GODOY   ( 3º de Primaria)     : "El poder de la imaginación"

- ANA ROMERO VENTAS  ( 3º Primaria)     : "Las hadas de la Primavera"

-  PEDRO ANTONIO MEGÍA SÁNCHEZ   ( 3º Primaria)   :   "Quiero un perro"

-  FABIO ADRIÁN MOLERO PINUAL   ( 4º Primaria)   : El lápiz olvidado"

El señor alcalde hizo entrega de los premios a los ganadores:

- 2º PREMIO, MODALIDAD INFANTIL A : PEDRO ANTONIO MEGÍA SÁNCHEZ

- 2º PREMIO, MODALIDAD INFANTIL B : FABIO ADRIÁN MOLERO PINUAL





EL  LÁPIZ  OLVIDADO

Érase una vez, un lápiz de listas rojas, doradas y negras, punta afilada, y  muy trabajador. Su propietario se llamaba Pipe. Era un niño de once años, muy inteligente, al que le  encantaba  escribir y ponía cualquier excusa para hacerlo.

Un día el lápiz de esta historia, que era el que siempre utilizaba Pipe, se  quedó en un cajón olvidado y apartado.

 Pasaron días, meses, años y nadie lo buscaba. Hasta que un día, la madre de Pipe, decidió quitar el polvo del cajón, y encontró al lápiz en el fondo. El lápiz estaba sucio, con  la madera casi podrida; a la madre le daba un poco de asco tocarlo, así es que lo tiró sin pensárselo dos veces. Y en se momento decidió ir a sacar la basura. El lápiz se cayó de la bolsa y se quedó en el suelo en mitad de la calle.

Un niño de Madrid, había ido a Villanueva el fin de semana, para ver a su tío que estaba enfermo. De repente encontró el lápiz y decidió llevárselo.

Cuando el niño regresó a  Madrid,  dejó el lápiz en su escritorio para cogerlo a la mañana siguiente al irse al colegio. Pero… con las prisas no se lo llevó.

La madre, creyó que su hijo ya no lo quería y lo tiró a la basura. El portero lo echó al contenedor, y el camión de la basura, al basurero.

El lápiz estaba en un basurero de Madrid, ¡No se lo podía creer! Invadido por la ira cobró vida y decidió ir a buscar a Pipe.

Del basurero se fue a una calle que no pudo leer porque era muy bajo y su vista no le permitía leer el nombre. Porque…  aunque os parezca sorprendente, el lápiz había aprendido a leer con Pipe, después de haber escrito miles y miles de palabras. Entró en una casa humilde donde vivía una tal Candela a la que el lápiz le contó su historia y  que fue testigo del lápiz parlanchín. Candela sorprendida, dijo que para salir de Madrid se dirigiera hacia la Carretera de Extremadura, para ponerse camino hacia esa Comunidad. También le explicó, con todo detalle, las ciudades por las que debería pasar para volver con su dueño. El lápiz se puso en marcha decidido a encontrar su hogar.

Después de un día agotador e intenso y ya en el pueblo Oropesa, donde había llegado gracias a que se coló en un tren, se fue hacia una de sus preciosas calles de piedra hasta llegar al castillo, donde pasó la noche con mucho frío.

Desde Oropesa se dirigió hacia Trujillo en autobús. En ese lugar, se dispuso a entrar en un hostal para escribir y así  calentarse la punta. El hostal estaba hasta arriba de gente, y el lápiz se sentía muy pequeño entre tanta gente, pero no tuvo más remedio que pasar la noche allí, donde al menos no pasaría frío.

Al día siguiente salió para continuar su gran viaje. Se tuvo que colar en un autobús para ir a  Navalmoral de la Mata. Intentó disimular mucho para no ser visto, pero una niña de cuatro años que se llamaba Isabel, lo vio debajo de un asiento temblando de miedo y se hicieron amigos. Cuando la niña bajó,  se lo guardó en su mochila.

Ya en su casa, decidió acogerlo y quedárselo para siempre. Pero el lápiz le explicó que sólo se podía quedar allí a pasar la noche, porque quería volver con Pipe, su dueño.

Al alba, el lápiz decidió irse de Navalmoral de la Mata, aunque la niña se quedó un poco triste, pero lo tuvo que afrontar y así su nuevo amigo,  el lápiz,  le hizo un dibujo de ellos dos jugando. De esta forma consiguió que lo despidiera con una sonrisa.

Cogió un taxi hacia Almaraz donde pensó que podría pasar  la noche sin ningún problema. Allí, al llegar se quedó encajado en un par de rocas que le impedían salir. El lápiz desesperado pensó que había llegado el fin de su gran aventura y que no volvería a ver a Pipe. Pero de repente, un señor a lomos de un caballo pasaba por el camino donde estaba el lápiz, y el caballo, sin querer, dio a una de las piedras donde estaba encajado el lápiz y lo sacó de su apuro. El lápiz entusiasmado, se quedó con la boca abierta al ver relinchar al majestuoso caballo, pero decidió continuar hacia Mérida tal como le dijo Candela que tenía que hacer para encontrar su casa. De pronto el caballo dio media vuelta y se dirigió hacia él, y  pensando que era una paja se lo metió en la boca. Pero como era muy duro, no pudo romperlo y se lo quedó en la boca, chupándolo. Allí permaneció hasta llegar a su destino que, afortunadamente,  era Mérida.

A la entrada de la bella ciudad romana, un tropezón del caballo, hizo que el lápiz saliera disparado de la boca y quedó liberado. Miró a su alrededor  y vio una fábrica que le sonaba familiar pero no sabía por qué. Entró y descubrió que… ¡se había fabricado allí! El lápiz muy asombrado decidió pasar ahí la noche .Al amanecer se marchó  temprano porque quería llegar cuanto antes a Villanueva de la Serena, ¡sólo le faltaba, poco más de media hora! .  Se metió por accidente en un autobús porque una señora le pegó una patada.

Ya en Villanueva de la Serena, fue hacia su antigua casa pero no había nadie y ponía en un cartel que estaba en venta. Todo acelerado y preocupado preguntó a un señor que estaba a punto de vender la casa, que dónde estaba el antiguo propietario. El señor que casi se desmaya al oír la voz del lápiz, le dijo que se fue hace muchos años, que ya era mayor y vivía en una residencia en Mérida. ¡El lápiz se dio cuenta que había estado muchos años olvidado en el cajón y que había tardado en volver a su casa!

  El hombre le dijo también, que Pipe fue médico, que fue militar de enfermería y  fabricante de armas y que, casi todos, le conocían como Felipe Trigo.

El lápiz comprendió que Felipe Trigo era el nombre verdadero de su dueño, pero que él le llamaba Pipe porque era la abreviatura de Felipe. Tuvo que volver a Mérida en autobús y con voz victoriosa dijo: ¡por fin volveré a ver a Pipe!

 Ya en la residencia, el lápiz entró sigilosamente y se fue a una habitación que ponía en la puerta: Felipe Trigo.

El lápiz se armó de valor y se dispuso a entrar y… vio a Pipe, pero muy mayor. Felipe tenía varios diplomas de literatura colgados en la estancia; estaba escribiendo.

El lápiz se subió en la mesa y dijo:  Pipe, ¿eres tú?

 Felipe muy sorprendido preguntó: ¿Eres tú mi antiguo lápiz de la suerte, de cuando tenía once años?

Y el lápiz dijo: Sí, me quedaste olvidado en un cajón y he tardado mucho en  encontrarte, pero desde hace tiempo te estoy buscando.

 Felipe lamentó  haberlo perdido y prometió no separarse de él, jamás. Y con el lápiz escribió muchas novelas y cuentos.
                                                                                           
             FABIO  ADRIÁN  MOLERO  PINUAL        (4º de Primaria)
 
                                         2º PREMIO, MODALIDAD INFANTIL B                                                             



LAS HADAS DE LA PRIMAVERA

Esta historia empieza muy cerca de una gran ciudad llena de coches y ruidos. En ese lugar hay un bonito rincón del campo dónde crecen muchas flores de colores. Los árboles son tan altos que parecen tocar el cielo azul, con verdes hojas que mueve el viento cuando sopla. Se respira aire fresco y se puede oír el suave ruido que hace el agua de un pequeño riachuelo. Es un lugar muy tranquilo.
 Allí viven unas pequeñas hadas que hacen crecer las flores y los árboles con chispitas que salen de las yemas de sus dedos.
Una mañana, Flora y sus dos mejores amigas Amapola y Rosa, las pequeñas hadas de ese lugar están volando sobre las flores. Se asustan porque escuchan el ruido de unos motores. Al campo están llegando grandes grúas y camiones. ¡Van a construir una nueva fábrica!
Los dueños de la futura fábrica tienen una hija que se llama Micaela. Es una niña dulce, simpática y amante de la naturaleza.
Una tarde Micaela va con su padre a visitar el lugar, y descubre que allí viven las pequeñas hadas Flora, Amapola y Rosa .Micaela comparte con ellas el trocito de tarta de chocolate y el zumo de naranja que la niña llevaba para su merienda. Juegan, se divierten, se hacen  amigas.
La niña toma conciencia del problema. No quiere que aquel rincón tan bonito desaparezca.
-¡Papá, no destruyas esto, es muy bonito y el hogar de una bonitas hadas!- dice Micaela a su padre.
-No es posible, la fábrica es necesaria- responde el padre de Micaela.
Las hadas y Micaela sólo encuentran una solución: buscarán otro lugar donde construir la fábrica. Flora y sus amigas vuelan hasta un lugar donde sólo hay tierra y muy pocos árboles, es ideal para construir la fábrica. Micaela se lo enseña a su padre. Su papá la quiere tanto que tarda muy poquito en convencerse de que aquel lugar es perfecto para la fábrica. Allí no molestarían a las hadas.
Los padres de Micaela convierten aquel hermoso rincón en un parque para pasear, jugar, merendar los domingos con las amigas…
Flora, Amapola y Rosa siguen haciendo crecer las flores y los árboles más maravillosos del mundo entero.
Cuando visites el parque de tu ciudad acuérdate de las hadas y procura no pisarlas porque son muy pequeñas. Recuerda que son las responsables de que plantas y flores estén tan bonitas.

                                                                  ANA ROMERO VENTAS   ( 3º Primaria) 
                           FINALISTA   FELIPE TRIGO - MODALIDAD INFANTIL  A




EL PODER DE LA IMAGINACIÓN

Había una vez una niña llamada Candela, que tenía  9 años. Candela era despierta, curiosa y con mucha imaginación. Le gustaba pensar que era una princesa encerrada en un castillo, custodiado por un dragón, al que algún día vencería y podría salir de allí.
Cuando se iba a la cama construía una cueva con sus sábanas y seguía imaginando historias de animales encantados, estrellas parlantes y brujas malvadas.
Un día su mamá le dijo:
-                            -   Candela, vamos a ir al pueblo a ver a los abuelos
 Y ella muy contenta, respondió:
-                              - ¡Biennn!  ¿Y podré subir a la azotea de la casa de la abuela?
Su mamá le contestó que sí.
Por fin llegó el día. Candela, junto con sus papás y su hermanito, viajó al pueblo donde vivían sus abuelos. Estaba muy contenta, nerviosa y no dejaba de preguntar:
-                              -  ¿Queda mucho para llegar,  queda mucho para llegar?
Cuando Candela y su familia llegaron a casa de sus abuelos, ella muy contenta los abrazó.
Rápidamente subió a la azotea, esperando encontrar un lugar mágico donde podría convertirse en un pirata, una princesa, y… ¿Por qué no? En un fuerte  poderoso león. Pero cuando subió encontró que no había nada, todo estaba vacío. Candela se puso a llorar y dijo:
-                               -  ¡Nooo! ¿ahora qué hago yo si no tengo con que jugar?
Entre lágrimas, miró hacia un rincón de la azotea y vio algo. Se acercó cuidadosamente y allí, bajo una vieja manta, encontró una caja grande lleno de libros de todo tipo: de aventuras, de piratas, de bosques encantados, de princesas…
Candela no podía creerlo; estaba muy contenta, pero aún mayor fue su sorpresa al encontrar un palito con un brillante en su punta. Lo miró fijamente y pensó:
Ésta será mi varita mágica y con ella podré entrar en cada uno de estos cuentos y convertirme en protagonista.
Todas las tardes, después de merendar, subía a la azotea, se ponía a leer uno de esos maravillosos cuentos y con la ayuda de su varita mágica, vivía historias inolvidables.
Los años pasaron y Candela se hizo mayor. Pero siempre recordaba con cariño todas las historias que vivió gracias al tesoro que encontró en los libros.
Ella quiso compartir con todos los niños, la alegría que sintió durante su infancia, y por ello se dedicó a escribir cuentos infantiles.
Todos los que leían sus historias quedaban fascinados. Consiguió que cada uno de ellos fuera el protagonista de sus fantásticas historias.
Y colorín, colorado, este cuento ha terminado.

                                                 Candela Escudero Godoy - 3º de Primaria

                              FINALISTA FELIPE TRIGO, MODALIDAD INFANTIL A






EL ABUELO



En un pueblo llamado Monte vivía un matrimonio humilde.

El 13 de enero de 2005 nació el primer hijo de los señores Sánchez, al que llamaron Diego, como su abuelo.

Iban pasando los días y Diego iba creciendo, su abuelo estaba muy contento con su primer nieto. Iba todas las mañanas a verle a su casa, se lo llevaba al parque y jugaba con él.

Pasó un año y llegó el primer cumpleaños de Diego, su abuelo le hizo un carro pequeño para engancharle en su moto y llevarle de paseo y ese fue el regalo que le hizo con mucho entusiasmo a su pequeño.

El abuelo era un poco regañón pero con un gran corazón. Amaba mucho a su familia.

Un día, el abuelo cayó enfermo y se le llevaron al hospital y el niño le decía a su mamá que por qué se había puesto malo el abuelo y como era pequeño le dijo que estaba constipado y tenía que estar allí para ponerse bueno y regresar a casa con él.

Pasaron unos días y el abuelo ya recuperado volvió a su casa y el niño, cuando vio a su abuelo fue corriendo hacia él y le dio un gran abrazo y un beso.

Fue pasando el tiempo y Diego comenzó a ir al colegio y su abuelo iba todos los días a verle y le daba caramelos y le decía que tuviera cuidad jugando, que no pegara y sobretodo que recordara que él le quería muchísimo.

Llegó el invierno y muchas veces el abuelo se ponía malo y le tenían que volver a llevar al hospital porque no podía respirar. El 13 de octubre el abuelo murió y Diego no sabía lo que pasaba. Pasados unos días su madre le explicó que el abuelo se había ido al cielo y que desde allí le iba a proteger siempre.

El niño podía comprender por qué su abuelo se había muerto, por qué ya no le iba a poder ver nunca más, con lo que él le quería. Y se puso muy triste. A penas hablaba y comía sin apetito. Así pasó varios meses, hasta que comprendió que así es la vida.

Han pasado 3 años y no hay ni un solo día que no mencione a su querido abuelo.



                                              Adrián Caballero 2º Primaria


                                            FINALISTA FELIPE TRIGO, MODALIDAD INFANTIL A

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